La evaluación de los empleados de una empresa es clave a la hora de implantar planes de formación y promoción interna que van a influir muy directamente en el funcionamiento de la entidad. El método debe ir más allá del juicio subjetivo del evaluador y, si es el correcto, debe reportar beneficios a todas las partes: empleado, empleador y empresa.

Una de las más importantes claves del éxito (o fracaso) de una compañía es el plan de valoración que sigue. Un mal método puede acarrear consecuencias desastrosas para una empresa, pero si se da con la tecla, los resultados son muy relevantes.

Las evaluaciones ayudan a detectar necesidades de formación y a saber si la selección de personal ha sido eficaz. Además, las valoraciones motivan al empleado, que aumenta su rendimiento, y pone de manifiesto los puntos fuertes y débiles, pudiendo explotar el trabajo bien hecho e incidir sobre los aspectos mejorables.

Todo método de valoración debe lidiar con los parámetros subjetivos y prejuicios del evaluador, que a menudo se cuelan en las calificaciones de los trabajadores. Un modo de evitarlo es poner en manos de los propios clientes el poder de valorar y desarrollar su percepción acerca del servicio recibido. No hay árbitro más imparcial y justo. Ni opinión más valiosa.

Transparencia y meritocracia son las dos cosas que se consiguen dando voz a quien da vida a una empresa: sus clientes.

* Fotografía cedida por Brittany Randolph