Esta semana me ha venido a la cabeza una magnífica lección que en su día un gran profesor de Estadística me dijo: “mucho cuidado con el empleo de las medias aritméticas en análisis! Suelen ocultar o pasar por alto ciertos detalles claves, que en realidad son los que aportan la información no evidente y realmente accionable, produciendo por tanto graves errores en premisas básicas del análisis y conclusiones absolutamente erróneas”.

A continuación me dio un ejemplo totalmente clarificador, como hacen los buenos profesores: “sabes cuál fue la licenciatura con mejor salida profesional de la prestigiosa universidad de North Carolina en 1986  (utilizando como criterio el mayor salario medio en el momento de graduarse)?”. Verdad que uno pensaría automáticamente en Ingenierías, Business, Derecho… pero jamás en Geografía? Pues bien, esa era la respuesta correcta. El motivo es que ese año, un tal Michael Jordan se graduó de esa carrera, aunque aceptando un trabajo cuya única relación real con la misma era el hecho de tener que estar todo el año viajando por la geografía norteamericana para jugar al baloncesto profesional en la NBA, a cambio de un salario multimillonario.

Junto a él se graduaron otros pocos alumnos (8 o 9 si no recuerdo mal), los cuales no tuvieron tanta suerte desde un punto de vista financiero. Pero si nos limitamos a la media salarial de esos alumnos, aparentemente Geografía sería la opción más atractiva para aquellos en busca de un retorno financiero cuantioso. Quizás esta simple explicación sobre “el problema de las medias” hubiera ayudado a más de un alumno de las siguientes promociones de Geografía a no tomar una decisión basada en un insight incorrecto por falta de análisis en detalle.

Este sencillo ejemplo esconde en mi opinión una de los mayores oportunidades a explotar y mejorar en el mundo del marketing, los negocios, las empresas, y la vida en general. Me refiero con ello a la tendencia a juzgar y tratar a todos en base a la media, ya sean clientes, proveedores, empleados… Se habla mucho de entender al cliente, de segmentación y de Big Data, pero a la hora de la verdad se segmenta lo justo, y lo que es aún peor, el análisis y estudio de clientes se limita a una seria de hipótesis y conjeturas (“porque yo me conozco bien este mercado”, “siempre hemos trabajado con este proveedor”…), y en todo caso al uso de unos pocos datos mal estructurados que no representan fehacientemente la realidad.

Lo mismo ocurre en muchas situaciones dentro de las empresas, en su mayoría incapaces de segmentar y entender la realidad de sus empleados. Resultado: empleados mediocres, poco motivados e implicados, en ocasiones compartiendo remuneraciones variables (“porque aquí todos somos equipo”) con otros que ofrecen un rendimiento muy por encima de esa media que tanto les perjudica, que sudan la camiseta y son auténticos embajadores de la marca y empresa. Luego por supuesto surge la pregunta: “por qué no somos capaces de retener nuestro talento?”

Mi reflexión es muy sencilla, la utilización de las medias como medida  estándar sobre lo que es bueno o incluso aceptable no garantiza un mínimo de calidad. En muchas, demasiadas ocasiones no lo es. Hay que observar en detalle, analizar en profundidad, entender las distintas realidades y situaciones, segmentar y actuar en consecuencia. Sólo así las propuestas de valor pueden ser acordes a las necesidades y expectativas de cada grupo o segmento.

Últimamente se viene comentando mucho en medios y opinión pública el bajo nivel de los estudiantes españoles en diversos campos (inglés, matemáticas…). Para mí, otro buen ejemplo de “el problema de las medias”. Y es que culturalmente nos hemos acostumbrado a evaluarnos de esa manera, y en muchas ocasiones tomando en cuenta muestras y universos muy limitados (mi barrio, mi cole, mi ciudad…).

Se dice que los colegios españoles (al menos muchos de ellos) son bilingües. Pero la realidad es que una amplia mayoría de chavales españoles no son capaces de mantener una conversación, leer, y ni mucho menos trabajar en inglés. Si los comparamos entre ellos (universo limitado), algunos tienen buen nivel relativo, pero es un simple engaño, porque la base comparativa es sobre una media muy baja. (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/21/espana/1340281749.html).

Y me pregunto yo, de qué sirve enseñar un idioma a un nivel tan bajo, si en el mundo real no les va a servir de absolutamente nada? No tendría más sentido segmentar de alguna manera a los estudiantes, ya sea eligiendo a los mejores y garantizando un alto nivel en ese reducido grupo (y así de verdad les sirva como diferenciación y abra puertas), o bien analizando cuáles son los alumnos que por situación familiar, trabajo de los padres… tengan más posibilidades reales de acabar en el extranjero, o cualquier otro criterio de segmentación que pudiera tener sentido. Pero evitemos que el resultado sea un nivel medio bajo por el “miedo” a segmentar y no incluir a todos. Al final del día, nivel medio bajo no vale para nada, no ayuda a mejorar como sociedad y país. Medida impopular dirían muchos. Yo preferiría decir medida basada en eficiencia de recursos y resultado a largo plazo.

De esa misma manera es como hemos llegado a una realidad que a priori suena muy bonita, todo un triunfo y progreso del modelo social: la media en España va a la universidad y se licencia (en 5, 10 ó 25 años). Decía a priori porque parece tener poca importancia la repercusión en un preocupante descenso del nivel educativo universitario. Ojo! Me encanta la idea de que cualquier individuo pueda tener acceso a oportunidades y una buena educación, pero no la idea de que todo el mundo tenga acceso a una educación mala. A los hechos me remito, ninguna universidad española aparece entre las 200 mejores del mundo según el último ránking publicado (http://www.shanghairanking.com/ARWU2013.html). Y no es porque nos tengan manía.

Hace no demasiado ciertas organizaciones sindicales y educativas pusieron el grito en el cielo ante propuestas que condicionaban el acceso a becas a la consecución de determinados resultados académicos. (http://www.rtve.es/noticias/20131001/supremo-estudia-si-suspende-provisionalmente-decreto-becas-wert/754340.shtml).

Dejando al margen cualquier discusión de tinte político (para qué perder el tiempo!), lo que sí me interesaba era el contenido concreto de ese aspecto de la propuesta: aplicar un poquito de MERITOCRACIA al sistema de asignación de becas! Es decir, nota mínima para poder acceder a ellas (y ni siquiera unos mínimos muy exigentes). Eso es vulnerar el principio de igualdad? Becas para la gente con menos recursos sí, por supuesto, pero becas para vagos por favor no.

Con todo esto el mensaje que quiero dejar es muy claro: la máxima exigencia y el reconocimiento personal a aquellos que hacen méritos con un rendimiento extraordinario ayuda a aumentar los estándares de calidad, y por tanto generan progreso. Utilizar la media como referencia para analizar personas, comportamientos, gustos…, y extraer conclusiones para actuar en base a ellas puede llevar a resultados muy poco acordes a los esperados. Que la media de altura de un país sea 1.80 no implica que un fabricante de pantalones deba ofrecer sólo esa medida.

Qué opináis? Creéis que se debe aplicar más sistemas meritocráticos? Estaremos encantados de escuchar todos vuestros comentarios.